Importante :

En algunos textos he ofendido a otras personas injustamente, por eso pido disculpas por mi comportamiento inapropiado. Aun así, estos textos forman parte de lo que soy, y es por eso que no puedo borrarlos. Solo me queda aprender de mis errores, disculparme otra vez, y seguir adelante.

martes, 29 de marzo de 2011

La Voluntad de Ser, Quien Debes Ser

Después de mucho tiempo, vuelvo a recordar, lo que significaba sentirse presionado. Hoy, en mi sesión de terapia, Gonzalo adoptó una postura un tanto inquisitiva, haciéndome preguntas punzantes y hostigadoras, que de algún modo me pusieron entre la espada y la pared. Luego de responder con mucho nerviosismo a estas preguntas, llegamos al final de la sesión. Para entonces ya me sentía como un conejillo asustado, rodeado por lobos hambrientos, y sedientos de sangre fresca. Seguramente, cinco minutos más contestando sus ingeniosas interrogaciones, hubieran sido fatales para mí. Afortunadamente, cuando me despedí de él, y regresé a la calle, sentí un enorme alivio. Por un momento, tuve miedo de que mi vida fuera realmente un gran error, de verdad creí que todo se había echado a perder. Pero por suerte, todo se reacomodó, cuando me rencontré devuelta, solo yo, y mis pensamientos. Alguna vez dije que no es posible relajarse, sin antes haber estado tenso, o nervioso. Esto fue precisamente lo que sucedió hoy, primero la terapia me puso a transpirar compulsivamente, y segundo, sentí un placer enorme cuando todo termino. Tal vez asi funciona la psicología. Más tarde llegué a casa, me preparé un café, y me puse hablar con Natalia. Así que le conté todo lo que había sucedido en mi sesión de terapia, remarcándole  que algunas preguntas que me hizo, me resultaron particularmente difíciles de responder. No porque no tuviera los argumentos necesarios, sino porque no es lo mismo explicárselo al papel, que a una persona de carne y hueso. En una ocasión, Gonzalo me preguntó porque elegía la soledad, si siempre me provocaba malestar. Así que yo le respondí con una frase un tanto avejentada. Te pueden informar que si tocas el fuego, saldrás quemado, pero lo cierto es que para comprender enteramente lo que es quemarse, tarde o temprano, deberás tocar la llama por tus propios medios. Por esa razón yo elegí la soledad, pues hace tiempo que decidí hacer mi propia experiencia, más allá de lo que la gente me ha advertido, acerca de vivir bajo esta modalidad. Pero ahora, que ya soy un solitario, debo reconocer que he aprendido a resistir aquellas voces, que me hieren, y me llaman loco. Y eso se debe a que sólo se puede encontrar la verdad en el interior del alma, y jamás fuera de ella. Si quieres saber qué es lo que debes hacer, pregúntaselo a tu interior, y obedécelo, cumple con ese objetivo. Deberá ser fuerte para no ser vencido por la influencia de la gente. Seguramente mucho más fuerte de lo que te imaginas. Está claro que la gente, lastima a las personas que son solitarias, pues es cierto que nosotros somos una pieza que no encaja dentro de su visión del mundo, y es por eso que para corregirlo, nos llaman locos. Es cuestión de lógica deducir que si nosotros somos los locos, ellos serán los cuerdos. Pero yo pregunto. ¿Es acaso la lucidez, un bien que sólo le es otorgado a quienes siguen el rebaño? Mi soledad indudablemente me ha convertido con los años, en una oveja negra. Paso mis días deambulando por el mundo, sin un rumbo fijo al cual seguir. Pero en esta vida, donde todos debemos pertenecer a un rebaño, es difícil tener libertad. Dado que no falta ocasión, en la que un nuevo pastor, se esfuerza por incluirte dentro de su manada. Debes tener cuidado, pues aunque tú le digas que no, él intentará por todos los medios, convencerte de que te unas a los suyos. Te dirá que este nuevo ganado, hará que te sientas diferente al resto, dado que tendrás la exclusividad, de pertenecer a un grupo selecto de personas, similares a ti. Sin lugar a dudas, un generoso vendedor de aire. En estas circunstancias, me ayuda el pensar que yo soy un solitario, y que por lo tanto, viajo solo. No soy ni un dibujante, ni un escritor, ni un músico, ni siquiera soy un técnico. Esos tan sólo son títulos que la gente necesita definir para ponerle un orden a las cosas. No me mal interpreten, yo soy consciente de que una sociedad que vive dentro de conjuntos, es una sociedad ordenada. Mientras que una sociedad sin intereses asociados, es el reino del caos y el desastre. Pero también sé, que este caos del que hablo, es el advenimiento de un nuevo y mejor orden. Ahora. ¿Quién se atrevería a vivir fuera del gran conjunto?. Pocos son los que se sacrifican, y se exponen a ser llamados locos, en pos de un nuevo orden. Pero no se confundan, ellos no son héroes, dado que nada de lo que hacen es por un bien común, sino que están llamados por la promesa de aprender a vivir según la voluntad propia. La voluntad de ser lo que son realmente, y así nunca convertirse en un títere más del poder.

viernes, 25 de marzo de 2011

La Lógica del Dolor Humano (parte 2)

Hoy tuve la ligera impresión, de haber comprendido porque el hombre en estos días, no sabe, o no alcanza a entender, lo valioso e importante que es el dolor emocional. Éste dolor del que hablo, se presenta para la gente, como algo indefinido e ilusorio. Y es lógico que esto suceda, pues el hombre de hoy, se niega a creer en aquello que no puede ver a simple vista. Dolores como la tristeza, la angustia, o la ansiedad, no parecen aportar, al menos empíricamente, ningún saber o enseñanza. Sin embargo estos dolores emocionales de los que hablo, tienen una cosa en común, todos ellos despiertan en nosotros, un ferviente deseo de hacer algo que nos ayude a curarnos. Ahora, sí bien a hay muchas maneras de calmar el sufrimiento del alma, sólo me concentraré en destacar dos casos opuestos, que sin duda, servirán de ejemplo para quien esté por tomar una decisión. En el primer caso cuando un hombre padece de angustia, inmediatamente busca encontrar una persona, que le ayude a mitigar su dolor. Claro que esta es la salida más común, y a la que por lo general, recurre la mayoría. Pero en el segundo caso, la solución es distinta, pues en lugar de canalizar el dolor sobre otra persona, lo canalizamos a través de una vía artística. De esta forma la creación se hace ineludiblemente bella, pues ha nacido de una necesidad real. Por eso no importa qué tipo de dolor estemos atravesando, con paciencia, dedicación, y trabajo, se establecen todas las condiciones necesarias, para convertir el dolor, y la carencia, en alegría, y devoción. Y todo ello es posible, si aprendemos a confiar en nosotros mismos. A decir de mí, no me gusta construir una amistad por una carencia, que sé que yo mismo puedo resolver. No me caben dudas que ambos casos, tanto el primero como el segundo, son difíciles, e igualmente válidos. Pero hay que aclarar, que no siempre se puede decidir, con total libertad, lo que uno quisiera hacer. Pues el instinto muchas veces nos hace tomar medidas, que no siempre tienen una explicación lógica. En mi situación personal, yo no he podido elegir con holgura, dado que crecí sin tener un hombro donde apoyarme. Cada vez que me vencía el cansancio, y caía preso de la incredulidad, me aislaba del mundo, buscando refugio en mi interior. Pero han pasado muchos años, y desde entonces, yo he aprendido a cumplir con esta sentencia, a cambio de una pequeña porción mensual, del codiciado néctar de la plenitud, el mismo que se obtiene a razón del esfuerzo realizado. De todas formas, no estoy interesado en desentenderme de mi dolor, para buscar resguardo en otra persona, pues no puedo dejar de sentir, que por ese camino, perderé la cualidad de iluminarme por mí mismo, a causa de generar víctimas ajenas a mi propio dolor. Está comprobado que la gente, necesita consumir el dolor que otros manifiestan, porque sólo de esa manera, logran obtener un poco de consuelo, para sus propios dolores. Esto no está mal, yo lo hago todo el tiempo. Pero de alguna forma esta condición, es el eslabón que cierra la cadena, de una sociedad que pide a gritos, un poco de contención para aquello que finalmente, nunca podrá sanar. La herida del alma. El ser humano debería aprender a hacerse cargo de su propio dolor, como el escultor se hace cargo de su arcilla, o como el músico hace lo propio con su instrumento. Si todos comprendiéramos esto, el propósito de alcanzar un elevado estatus social, se reemplazaría por el propósito de obtener mayor sabiduría para crear.

domingo, 20 de marzo de 2011

Amigos Afines

Me gustaría hacer una pequeña reflexión, acerca de lo que mi psicólogo llama, "los amigos afines". En primera instancia, él dice que yo debería buscar amigos acordes a mis intereses, para que así pueda generar una mejor compatibilidad con la amistad, y de ese modo vencer de una vez por todas, a mi soledad. Estos últimos días, he estado pensando en ello, y por más que trato, no entiendo cómo encontrando personas afines, pudiera yo sentirme mejor. Mientras venía viajando en subte, esta idea daba vueltas por mi cabeza como un feroz remolino de viento, que iba barriendo todas y cada una, de mis estructuras mentales. Así estuve largo rato, hasta que finalmente, frente a una total destrucción de mis prejuicios, descubrí que había algo, que no me cerraba del todo. Lo que no me cerraba, era la idea de que para configurar una verdadera amistad, uno debía limitarse a intentar formar relación, solo con aquellas personas que tuvieran intereses iguales a los propios. Claro que yo no estoy de acuerdo con esto. Pues es indiscutible que cuando nos enfocamos hacia un exiguo grupo de gente, indefectiblemente,  estamos rebajando a todo el resto. No somos mejores que los demás, por ser diferentes al resto, pero nos iluminamos cuando logramos sintonizar, con nuestras diferencias. Por eso, haciendo un primer acercamiento, yo creo que no es correcto generar distinción entre la gente, dado que como dije antes, nadie es mejor, ni peor. El esfuerzo debe concentrarse en aprender a convivir, entre la diversidad de criterios. Pues está demostrado que las mejores conclusiones, se deducen de la relación entre dos ideas opuestas, o mejor dicho, desiguales. No caben dudas de que para hacer amigos, es un error limitarse únicamente a juzgar si la idiosincrasia de la otra persona, nos agrada o no. También deberíamos preocuparnos en saber reconocer que nosotros también somos seres imperfectos, y aunque poco podemos hacer para cambiar al otro, es menester entender que mucho tenemos por mejorar de uno. No estoy diciendo nada nuevo, cuando afirmo que antes de ayudar a los demás, primero debemos interpretarnos a nosotros mismos. Comprender nuestros errores y enmendarlos, es sin lugar a dudas, el camino que conduce a un hombre, a ser mejor de lo que era antes. En la mayoría de los casos, este trabajo, conlleva indefectiblemente, a que muchas personas valoren el esfuerzo que uno hace por mejorar. Afortunadamente, esta postura, genera un agradable y cálido presentimiento, de que no estamos solos. Yo lo siento ahora.
Por eso sería superficial pensar que uno mejora, sólo por tener amigos afines. Pues los amigos más valiosos, aparecen justo donde nadie los espera. Es allí, donde el objetivo debe volverse desinteresado, por el solo hecho de que, a diferencia de cómo se piensa comúnmente, no debemos trabajar por reconocimiento, sino por necesidad. La necesidad de ser cada día, un poco mejor de lo que fuimos, para poder llevar paz a nuestros corazones. Yo creo que así, se construye una autentica amistad.

miércoles, 16 de marzo de 2011

La Lógica del Dolor Humano (parte 1)

Si en la soledad no existiera el dolor, ni tampoco la incertidumbre, seguramente para muchos, sería un estado  ideal para sentarse a meditar. Sin embargo, la realidad nos hace deducir que si estas fueran las condiciones,  ya no podríamos calificarla con el nombre de soledad. Estaba pensando, que hay pesares en la vida, cuya función, pocas veces alcanzamos a comprender. Así que con un poco de fe en mi espíritu, trataré de revelar el misterio que aqueja a las almas atormentadas, iguales a la mía. Quien sabe, quizás mi tratado, le sirva de ejemplo a algunos de los locos que acechan por aquí. Pero bueno, ya basta de introducciones tediosas, y dediquémonos al análisis, que sin dudas es lo que importa.
El dolor en el alma de un hombre, no siempre es un castigo, a veces resulta ser un mérito alcanzado a través de una búsqueda interior, con el único fin, de hallar la verdad de las cosas. Es por esta razón que me encuentro tan reacio a querer abandonar mi situación de sólo.  Y aunque muchas veces mi psicólogo, me ha insistido en que no debo renunciar a la amistad, dado que siempre existen personas que están a tono con los pasatiempos e inquietudes de uno, yo no estoy del todo seguro en querer transitar por ese sendero, pues en ese caso dejaría de estar en este lugar, para pasar a estar en otro lado. Consideren que las diferencias entre un sitio y otro, pueden ser tan disímiles, como el contraste entre el negro y el blanco. Más aún, viéndolo desde un costado optimista, la amistad sólo serviría para atenuar un poco el dolor, pero en ningún caso me ayudaría a comprender el porqué de este padecimiento. Siendo objetivo con lo dicho, deduzco que toda esta incertidumbre, quedaría atrapada por siempre entre dos signos de interrogación, que con el tiempo, se irían traspapelando cada vez más, entre otro tipo de cuestiones mundanas, que por lo pronto, no son las que me interesan investigar. Por todo esto, y a pesar de mi escepticismo, hace tiempo que he decidido quedarme de este lado. Pues aunque nadie me ayude a cargar con el peso de mis preguntas, el camino se hace más emocionante aún, cuando pienso que, en algún momento, al llegar a destino, obtendré mis tan ansiadas respuestas.
Pero vayamos hacia la esencia de toda gran soledad. El tiempo libre. No es necesario aclarar que cuando uno tiene tiempo libre, lo primero que se pregunta es, ¿qué debo hacer ahora? Bueno, rápidamente se me ocurre una respuesta que no hace distinción entre ninguno de nosotros. Cuando tenemos tiempo libre, deberíamos tratar de hacer todas aquellas cosas que no hacemos cuando estamos ocupados. Pero esto no es tan sencillo de asimilar. Aunque no nos demos cuenta, una de las tantas consecuencias de vivir en un mundo que privilegia al hombre rico, por encima del hombre pobre, es que poco a poco, nos vamos transformando en caníbales descerebrados, que se devoran unos a otros, para obtener un poco de fama, y así poder trepar en nuestra clase social. Este discurso sostiene que el reconocimiento y el poder económico, resuelven todos los problemas medulares  que acechan a la gente. Ellos, al igual que la mayoría, piensan con absoluta seguridad, que solo obedeciendo el alegato popular, serán considerados, mejores personas. El Gran Hermano, es un ejemplo actual de esto que señalo. Por eso aquí queda demostrado, que es mucho más fácil seguir la voluntad común, que la propia. En relación con lo dicho, mi abuelo siempre se esforzó, por hacerme entender esta pequeña oración... Lo que cuesta, vale, decía. La gente ha desarrollado un hábito poco saludable, y plenamente perezoso a la hora de tomar decisiones. Pues ya no deciden por sí mismos, sino que esperan a que otros, les digan lo que deben hacer y pensar. En muchos de mis diarios anteriores, he nombrado a la desesperación, como principal síntoma de esta dependencia, que la mayoría tiene, hacia una voz ajena, que por supuesto, nunca podría reemplazar la importancia de la voz propia, por más grave que sea el desgaste. Figúrense que si esto llegara a suceder de forma masiva, cosa que no creo, se acabaría la diversidad de opinión, y ya no sería posible, lo que hoy conocemos como arte. Por suerte, y aunque a mí también me afecta esta cuestión, he comprendido que existe una virtud igualmente contraria, capaz de curar esta degradante enfermedad. Esa virtud, es la paciencia. Créanme que si puedo explicarlo en estos términos tan ilustrativos, eso es porque hubo un tiempo en mi vida, en el que caí envenenado, por la negativa de suponer, que nunca encontraría la cura al escepticismo y a la incredulidad, al menos no mientras permaneciera con los brazos cruzados. Irónicamente, eso es lo que hago ahora, permanecer de brazos cruzados. Aunque muchos no lo lleguen a entender nunca, solo de esta forma he aprendido a armarme de paciencia. Por eso ahora me río, me río por el mismo motivo por el cual otros lloran. Pues a diferencia de ellos, yo sé,  que si logro superar mi desesperación, actuando con paciencia, tarde o temprano, obtendré mi premio. Si estudias en profundidad esto que digo, te darás cuenta de que existe una explicación lógica, para cada una de las emociones, que atraviesan al ser humano.

jueves, 10 de marzo de 2011

Lo Difícil de Ser Franco

Me pregunto por qué cada vez que me siento triste y angustiado, me acuerdo de mi pasado?. Ahora tengo ganas de llamar a alguien, y reconstruir la vida que yo mismo destruí con tanto odio, y confusión. Pero debo hacerlo pronto, pues una vez que regrese mi estúpido orgullo volveré a ratificar mi soledad. ¿Por qué lo hago?. Mis sentimientos nunca fueron una tarea fácil de resolver, y créanme que aunque estoy solo, hoy no me siento precisamente cómodo con esta situación. El asunto es. ¿Porque insisto con lo mismo, si no cabe duda de que a la larga o a la corta, volveré a sentirme mal?. ¿Acaso pretendo reconocimiento? Y si así fuera. ¿Tanto vale este reconocimiento como para justificar el dolor que abrigo?. Ha pasado mucho tiempo desde que comencé a estar solo, y a pesar de que he conseguido muchas cosas por este camino, no se si no estaría dispuesto a cambiarlo todo, por un poco de amor. Si es acaso el orgullo, el que me mantiene atado, de que valen los años de lucha, si al fin y al cabo, el premio, solo conseguirá despertar en mí, más arrogancia. Esto me confunde. Quisiera comprender la lógica del dolor humano. Desearía saber qué enseñanza se obtiene cuando sufrimos por no tener a nadie en el mundo. Sin lugar a dudas mi intuición no es buena, pues destruye todas mis expectativas. Al menos hoy, las ha destruido. Sin embargo me gustaría tomar cartas sobre el asunto, para poder resolverlo definitivamente, y no tener que atravesar por esto nunca más. Pero para eso, debo comenzar por el inicio. ¿Qué fue lo que me hizo buscar la soledad?. No existe nadie, entre toda la gente que yo conozco, que viva una vida tan gris y sin sentido, como la mía. Seguramente hay algo que debo hacer, que aún no hice. Pero debo estar tranquilo, porque de nada serviría tomar una decisión apresurada.
Acabo de llamar a Flavia. Volví a hablar con ella después de un año de no tener contacto, y como era previsto, las cosas cambiaron. Ella está de novia, y ahora vive sola con su gata en un departamento. Sin lugar a dudas, un gran paso en su vida. Quedamos en juntarnos a charlar en algún momento, pero no arreglamos cuando. Después de cortar con ella, fui al baño, me mire al espejo, y me di cuenta de que siete años de soledad, no se pueden resolver con un simple llamado telefónico. Así que de vuelta a girar sobre la nostálgica calesita de mi adolescencia, plagada de sueños ingenuos e inmaduros. Rodeado de gente que me mira, y piensa que ya estoy demasiado grande para este tipo de juegos. Lo que ellos nunca entenderán, es que no conozco otra forma de engañar al vacío que sangra bajo mi pecho, que jugando a ser un niño. Solo así puedo despertarme por la mañana, y entender que aun puedo volver hacia donde alguna vez fui feliz. A veces la locura que siento, me hace tomar decisiones que ni siquiera yo mismo, me las puedo creer. Es entonces, cuando me gustaría retrotraer el juego hasta el primer nivel, para sentir nuevamente, que todas las alternativas son posibles, y que nada es definitivo. Esa es mi estrategia , volver a mi estado anterior, y evadirme de las tinieblas que brotaron de mi ego. Allí la vida será como una serie de bumerán. No más Freddy Kruger para mi. No creo equivocarme cuando digo que elegí estar solo, porque la gente me lastimaba, seguramente de forma involuntaria, pero no por eso menos dolorosa. Pero ahora, bajo estas cuatro paredes, nada puede dañarme, pero tampoco, nada puede curar mis heridas. Si permanezco aquí, es sólo porque cada vez que logró sumergirme en mi cuaderno, una sutil pero consistente sensación de bienestar, empieza a invadir mi corazón. Es en ese instante, donde toda mi angustia se vuelve cómicamente, pequeña, e inofensiva. Entonces caigo al suelo, embriagado de quimeras y espejismos, trato de componerme, y recuperar el control, pero no puedo, pues esta cálida sensación de bohemia, me seduce, y es allí donde el éxtasis de vivir eternamente inspirado, supera el espanto que siento por la ausencia y el vacío. Seguramente esa es mi gran debilidad. Me vuelvo celoso de mi espacio, y me juro hacer lo posible, para que esté conmigo siempre. No por una noche, tampoco hasta el día de mañana, sino eternamente.
Estas son algunas razones por las cuales he decidido quedarme de este lado, a pesar de las incontables depresiones que me han embestido, y que seguramente continuaran haciéndolo. Sin embargo, hoy comienzo a sentir una vez más, que este pequeño castillo de arena, se desmorona. Ver que mi humilde empresa, se enferma gravemente, víctima de mi  constante desengaño, me hace sentir fatal. Y aunque quiero y deseo, el consejo de una voz amiga, no encuentro en mi agenda telefónica, un confidente apropiado que me ayude a calmar esta agonía. Pero entiendo cuál es mi función en este mundo. Soy simplemente un recordatorio, o si les gusta más, una advertencia. Soy  además, la respuesta, a una pregunta, que nadie hizo jamás. Pero no te preocupes, por qué no es necesario que me preguntes cómo se siente estar solo, basta con mirarme, para que uno se dé cuenta, de que no hay nada especial allí.

sábado, 5 de marzo de 2011

Preso de la Escritura

Ayer estaba tirado en la cama, quería relajarme pero no podía. Otra vez algo en mi interior, no me permitía acostarme a descansar, debía ser útil, debía hacer algo. No era la primera vez que me sucedia esto. Y en esta ocación me molestó mucho. Me pregunté entonces. ¿Porqué no puedo descansar, como lo hacen todos los demás?. ¿Porqué siempre tengo que estar haciendo algo?. En algún punto, yo creo que la pereza es necesaria para vivir, sin embargo, yo no podía estar sin hacer nada. Mi vida es bastante simple, de casa al trabajo y del trabajo a casa. Es decir, tengo tiempo disponible dado que no estudio ninguna carrera, y eso me permite hacer lo que quiero. Pero el problema que surge cuando uno tiene muchas alternativas, es que no se sabe por cuál de todas empezar. Ayer, yo sabía que quería hacer algo, pero no sabía que. Así que fui hasta la cocina, y me puse a preparar el almuerzo. Primero calenté la verdura, después preparé la salsa blanca, y finalmente desparramé todo el relleno sobre la masa, y la puse en el horno. Así fue como cociné la tarta de verdura. Después me senté a comer, y disfruté cada bocado. Pero al Finalizar comencé a sentir la ferviente necesidad de hacer otra cosa. Ni siquiera podía quedarme sentado a digerir la comida. Entonces agarré la correa del perro y lo saqué a pasear. Caminamos largo rato alrededor del parque, hasta que mis piernas me comenzaron a doler. Mi perro ya había terminado de hacer lo suyo, de manera que entré a mi casa y nuevamente me sucedió lo mismo, no podía quedarme sentado sin hacer nada, así que agarré un libro y empecé a leer. Leí y leí durante horas, hasta que finalmente mis ojos se agotaron y tuve que cerrar el libro. Pero no estaba satisfecho, así que encendí la televisión. Me recosté en mi sillón favorito y miré la tele en el canal de deportes, luego en el noticiero, más tarde en el canal de cocina, y así sucesivamente pasando por todos los canales, hasta que me cansé y la apagué. Estaba sentado en mi sillón, aturdido por la televisión, y por un momento pensé que había logrado engañar a mi mente, haciéndole creer que ya había hecho demasiado. Había estado cinco minutos recostado, hasta que la necesidad de hacer algo, me volvió a invadir. Decidí tomarme el colectivo e ir a visitar a un amigo. Cuando llegué a su casa, estuvimos charlando y tomando mate durante largo rato. El tiempo se pasó tan rápido que no nos dimos cuenta. Decidí que ya había sido suficiente así que saludé a mi amigo, y regrese a casa. Debían ser como las 10 de la noche cuando llegué. De pronto tuve la extraña sensación de que a pesar de todo lo que había hecho, el día había sido corto. Me preparé algo de comer y me di una ducha. Luego intenté dormir pero no pude conciliar el sueño, mi mente aún me exigía que hiciera algo. Hacía tiempo que no me sentia así, pues hasta entonces, había podido dormir como un bebe. Pero hoy era distinto, no podía resistir frente al deseo de hacer algo, y la pregunta era. ¿Qué debía hacer? Me levanté a la madrugada sin haber podido pegar un ojo en toda la noche, y decidí que lo mejor sería sentarme a escribir lo que me estaba pasando. Escribí durante el largo rato, hasta que finalmente terminé de decir todo lo que tenía para decir. No puedo negarlo, estaba satisfecho, de alguna manera mi mente se había salido con la suya, del mismo modo en el que siempre lo hizo. Cada vez que tenía un problema como éste, mi mente no se relajaba hasta que yo no lo hubiera escrito en la computadora, o en mi diario. Y es por eso que ahora que lo cuento me siento mejor. Es como psicoanalizarse a si mismo. ¿Pero cómo no lo había pensado antes?. Si desde un principio me hubiera sentado a escribir, no habría sido necesario hacer nada, de todo lo que hice en el dia para calmarme. Pero ahora que sé como calmarme, ganaré mucho más tiempo para descansar. Aunque ahora que he terminado de escribir esto que me pasó, me doy cuenta de que soy preso de la escritura. Ni bien a cabo de redactar un problema, surge otro, y otro, y otro, y así infinitamente. Ahora que lo pienso, hace tiempo que soy preso del escritura. Tan acostumbrado estoy a escribir sobre mis problemas, o sobre lo que me pasa, que nunca puedo relajarme, y disfrutar de lo hecho. Entonces. ¿Con qué fin escribo?. La única razón por la que escribo, es para calmar mi ansiedad, o como dije antes, para comprender mis problemas. Ese breve momento, que llega después de satisfacer mis necesidades literarias, me ayuda a dilucidar lo que sucede conmigo. Pero en cada instante en el que me siento a escribir, quedo atrapado en el laberinto de mis pensamientos. Si, ahora lo sé. Soy preso de mis palabras, y todo lo que quiera emprender, resulta en vano, pues finalmente, concluye en estos textos de autoayuda. Hacer algo siempre genera un problema, y no hacer nada, no genera ningún problema, pero resulta excesivamente aburrido. Tal vez un equilibrio entre las dos cosas sería lo adecuado para mí. Quizás mañana pueda dormir, quizás mi mente logre sentirse satisfecha al final de esta tarea. Quizás, no lo sé.