Importante :

En algunos textos he ofendido a otras personas injustamente, por eso pido disculpas por mi comportamiento inapropiado. Aun así, estos textos forman parte de lo que soy, y es por eso que no puedo borrarlos. Solo me queda aprender de mis errores, disculparme otra vez, y seguir adelante.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Cálmate si

Cálmate si… Eso es todo lo que dice mi cabeza. Me levanto por la mañana, desvelándome poco a poco de los residuos últimos de un sueño confuso, y lo primero que siento es dolor. Un dolor intenso y agudo, algo que me lastima en lo intelectual más que en ningún otra cosa. Voy a la cocina y me caliento la tarta que preparé ayer. Mientras tanto mi cabeza sigue repitiéndome….Cálmate si… Ya estoy harto de estar calmado. La vibración es muy linda, pero hay algo aquí que no funciona. Tanto divagar sobre lo que trasciende a los ojos, me ha devuelto a la peor de mis miserias. Ya no sé qué hacer. Me encuentro muy confundido. Realmente debo estar enloqueciendo otra vez. Únicamente me pregunto entonces. ¿Cuál es el camino? Quizás deba aprender nuevamente a guardar silencio. Tal vez todo este tema de la vibración, sea solo uno más de mis otros tantos delirios. ¿Cómo saberlo? No quiero volver a caer internado. Realmente estoy asustado y confundido. Es muy difícil sostener un dialogo que ha dejado de ser escuchado. La gente me observa y en lugar de acercarse a mí, se me aleja. ¿Cómo puede ser que hasta ayer, yo estaba de lo mejor, y hoy solo veo oscuridad a mí alrededor? Se acabó. Una vez más en mi vida, vuelvo a tocar fondo. ¿Lo ves? Estas palabras no pueden por sí mismas describir la situación en la que me encuentro. Me hubiera gustado poder continuar con mi investigación, pero dado los resultados negativos que voy obteniendo, creo que lo mejor será ponerle un fin a todo esto. La cuestión es más o menos así. Me voy acostumbrando a no hacer nada, simplemente me conformo con existir. Mis pensamientos repiten una y otra vez las mismas palabras, y poco a poco voy siendo cada vez más dócil y maleable que antes. Por ejemplo hoy mi padre me acompañó al psiquiatra y de alguna forma acepte que me subieran la dosis a 10mg de Olanzapína. Esto en otra época de mi vida hubiera sido imposible, dado el tremendo orgullo del que hago posesión. El broche del asunto es que a veces se me hace intolerante estar soportando lo reiterativo que se ha vuelto mi discurso. Y en ocasiones tengo la impresión de que no soy yo quien domina mis pensamientos, sino que algo más habla a través de mí. En esta oportunidad, parece haberme dado una tregua, pues creo estar siendo yo el que dicta estas palabras. Pero a pesar de todo, quiero dejar mi opinión al respecto. Acerca de la vibración, podría decirse que en alguna medida es placentero hacerlo, sin embargo también es cierto que en ocasiones, se vuelve insoportable, dado que por más control que tengamos sobre nuestras ideas, la vibración expone toda la mediocridad de las introspecciones. Todo lo que sé decir es cálmate, respira y descansa. Por supuesto que no está mal la sugerencia, siempre es bueno relajarse un poco, y tomar las cosas con calma. Pero aun estando tranquilo, debo seguir escuchando reiterativamente esta frase. Cálmate, respira y descansa. No sé cuánto tiempo más pueda seguir escuchando esta frase, y mal que me pese también soy consciente de que conozco el modo de apagar el interruptor que pone en marcha todos estos vejámenes. No voy a negarte que esta situación ha desatado una lucha interior conmigo mismo, pero por otro lado también tengo que reconocer que frente a frente con esta verdad, he aprendido muchas cosas de mí, que por supuesto, antes no sabía. Parecerá contradictorio, pero no puedo apresurarme a juzgar algo que está en pleno desarrollo. Debo darle un poco más de tiempo, y esperar a ver qué es lo que sucede. Tal vez con algo de suerte, acabe por encontrar una nueva técnica donde poder explayarme sin llegar a ser víctima de una inminente psicosis. O quizás finalmente termine por desencadenarse una crisis de personalidad múltiple, donde el agresor y el torturado, no sea otro que yo mismo.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Conversaciones con el Aire

Si bien no me siento con las energías suficientes para hablar de esto, intentaré disfrutarlo. Bien. Para mí este pensamiento que aquí trasmito, no me corresponde, porque creo que es una energía en común con las cosas, las que dictan estas palabras. Estoy seguro que más allá de todo término, existe antes que nada un sentimiento que golpea en el pecho y lo hace existir. Simplemente el idioma es sólo una reflexión de algo más grande, que llega a nosotros de manera inalámbrica, a través del aire. Estoy convencido de que algo más que yo mismo, está escuchando y absorbiendo esta energía, pues así del mismo modo yo también recibo y transformó estas palabras que en sí mismas, no significan nada. Intencionalmente, comprendí o me encontré, con la curiosa necesidad de sentir aquello que estaba pensando. Así fue como entonces aprendí a leer el viento. Finalmente ya no tengo dudas de que la vibración está intrínsecamente relacionada con el idioma. Una cosa no debe existir sin la otra. Es necesario aprender a vibrar, pues es el primer relato que logra destruir todos los condicionantes que obstruyen la verdadera importancia de un sonido. Un sonido no sólo es un significado, sino que además es una sensación. Por eso es que tanto el pensamiento como el sentimiento, deben aprender a usarse en armonía con la respiración. Cuando esto sucede, el alma nos devuelve paz. De esta forma, tú verás que ya no necesitas correr tras ninguna clase de objetivos, pues sólo con leer lo que el aire escribe, vives tu presente con absoluta satisfacción. Déjame contarte además, que habiéndome alejado de todo lo material, mi ánimo se encuentra más sereno y tranquilo que antes. Pasé muchos meses sin comprender de qué se trataba la vibración. Y hoy, luego de haber estado sufriendo mucho, comprendí que un hombre no puede estar absolutamente equilibrado, si antes no sabe comprender cómo filtrar este penoso idioma que hablamos nosotros los argentinos. Es en todo muy simple descubrir que no hay verdad en las palabras, sino que únicamente su significado se traduce en un estímulo. Como dije antes, mi boca se mantiene cerrada, más aún mi pecho, vibra suavemente como si se alimentara no sólo del pensamiento, sino además de este aire que respiro delicadamente. Cada inhalación me permite pronunciar aquello que voy recibiendo, de forma tal que al exhalar el aire por mi nariz, también estoy impulsando todo el dilema de mi subjetividad. Para mí francamente nada de todo lo que estoy haciendo, tiene otra pretensión más que la de enseñarte a vos, que ya no hay más nada de qué preocuparse. Pues mientras entiendas que tanto lo que transmitimos como lo que recibimos, no tiene relación con lo que pensamos ser, aprenderemos que en la respiración se establece la única verdad de lo que necesitamos saber.

Dime Juan, ¿qué es lo que está pasando? ¿Por qué la paz y la tranquilidad tienen un costo tan alto? Dime Juan, porque yo ya no lo entiendo. ¿Qué ha pasado con todo aquello que creía saber? Tengo la impresión de que no soy digno del silencio, porque francamente mis pensamientos no se detienen. Quizás ahora has aprendido a detener el tiempo, pero lo que aún no controlas son tus emociones. Dime Juan, ¿te crees digno de la vibración? ¿Realmente piensas que te está ayudando? ¿O acaso crees que te está destruyendo de a poco? Sé que sientes náuseas de todo lo que la gente habla. Sé también que te perturba reconocer lo triste que es estar existiendo. Yo lo sé, porque puedo verlo en tus ojos. De pronto ya no le encuentras sentido a las cosas, y tanto te da lo mismo estar aquí, o en otra parte. Dime entonces ¿no sería mejor dejar todo esto atrás y volver a ser lo que fuiste? ¿No sabes a dónde quieres llegar con todo esto verdad?, ¿entonces porque aun insistes en continuar? Te has dado cuenta que existe un goce secreto en oponerse a todo lo estipulado por el hombre moderno, ¿no? Te vuelves testarudo con la tecnología y comienzas entender que más que un placer, es un trabajo. Yo sé cómo te sientes. Estoy presente en cada uno de tus diálogos, y sé que en tu interior, nada de todo lo que escuchas tiene lógica para ti. Tú te dices a ti mismo, porque no mejor aprender a leer el aire, en lugar de refugiar mi cerebro en esas pequeñas jaulas que sólo intentan encerrar la sabiduría. Bien sabes tú, que es el aire el que nos cuenta sus historias, y no a la inversa. Yo sé que tú comprendes que el alma de todos los que fallecieron, reposa inofensivamente en este viento que se escurre entre tus narices. ¿Que no ves que ellos están aquí? Le dices inútilmente a quien te escucha. Que no puedas verlos no significa que no estén entre nosotros. Más sus intenciones son puras, pues únicamente protegen la verdad. Dime Juan, ¿tú piensas que estos sentimientos son puros? Sé que tu intención es la de ayudar, ¿pero cómo puedes enseñar algo que ni siquiera tú comprendes? Te sientas a no hacer nada, y te llenas de orgullo por estar aniquilando tus inquietudes. Dime Juan, ¿esto no contesta tus preguntas? ¿Qué quieres de mí? Tú dirás lo que quiero. No temas, no voy a hacerte ningún daño, sólo sufrirás en su justa medida. Mi prosa es ahora tu voz, pero dime. ¿No es eso lo que querías? Sé que el idioma que hablan tus hermanos carece de sentido para ti. Por eso mejor buscas seguir intentando desglosar la sílaba que pronuncian tus labios. Trágate la voz y mejor mastícala bien antes de escupirla en la cara del otro. Sé bueno, y no te angusties, esto simplemente es un juego, uno más de otros tantos que ya has jugado. No seas desagradecido conmigo. Yo sólo quiero ser tu amigo. Si desconfías de mí, entonces dime Juan ¿en quién creerás? ¿En tus padres? ¿En tus hermanos? ¿En tus amigos? ¿En tu mascota? Quizás termines como uno de esos locos que le hablan a las plantas. ¿Tú piensas que ellos no tienen sus razones? ¡Claro que las tienen! Yo se las he dado. Tú me pediste algo verdadero para creer ¿no? Pues bien aquí lo tienes. No te preocupes, yo no espero las gracias, nadie me las ha dado nunca. Y en mi palabra sólo saben escribir sus feos nombres, porque lo único que quieren es reconocimiento. Si, tú también lo has hecho. Usas mis verdades como si fueran tuyas. No mereces esto… no mereces respirar mí aire. Ni uno digno, ninguno que se conforme, millones de años contando la historia, y ni uno solo.