Importante :

En algunos textos he ofendido a otras personas injustamente, por eso pido disculpas por mi comportamiento inapropiado. Aun así, estos textos forman parte de lo que soy, y es por eso que no puedo borrarlos. Solo me queda aprender de mis errores, disculparme otra vez, y seguir adelante.

lunes, 26 de mayo de 2014

Pido Valor

Recurro a vos para pedirte un consejo. Si, a vos que estas más allá de cualquier pretexto y finura. A vos que creciste en el barrio, a ofensas y cachetazos. Escuchame un cachito, y ayudame con esto. Hoy estuve con mis hermanos en casa de mis padres, festejando el 25 de mayo. Un día similar a lo que ya he vivido, pero lleno de axiomas y particularidades nuevas. La tarde comenzó temprano, más precisamente después de los ravioles, y en la sobremesa de la cocina. Mientras mis hermanos y mis padres charlaban animadamente, yo como el ermitaño que soy, me recosté suavemente sobre el sillón del comedor, y me dormí. Allí frente al ventanal por donde mejor se escurre la luz del sol, entre dormido y despierto, el olor a café me invito a levantarme. Después de un resumen deportivo sobre la victoria del Real Madrid sobre El Athletic, cada cual busco su rato de silencio. Mi madre con el gato, mi hermana con el celular, y mi padre con la almohada. Yo sin ir más lejos, fui hasta la habitación de Fede, tomé su guitarra y baje amistosamente allí donde todos estaban conversando. Comencé mi repertorio con algunas expectativas de ganar público, pero pronto quede fuera de sintonía. Como te imaginarás, terminé tocando solo y para nadie. Entre todas las cosas que pudiera pasarme, está es la más habitual. Bueno... me dije. El silencio es un espectador sincero, él sabrá juzgar mis intenciones. Las próximas horas las pasé cantando para no mostrarme derrotado. Mientras mis hermanos con indiferencia, jugaban a un juego de preguntas y respuestas, que ya se hizo popular entre los usuarios de Facebook, yo miraba de reojo a la cocina y pensaba. ¿Será que toco la guitarra porque quiero llamar la atención? ¡Oigan! aquí estoy....alguien que me escuche. Esta la saqué hace poco, ¿la cantamos todos? ¿No?....ok. Luego se hizo de noche y cada cual a su casa. Mi hermana, Ezequiel y yo, nos fuimos en el auto con mi viejo, y mientras ellos iban charlando sobre una obra en construcción que promete ser nuestra futura casa, yo miraba por la ventana, como un niño que presencia una conversación de adultos. En ese momento, mis ilusiones se hicieron grandes, pues de alguna forma tener una casa propia, representaba un problema menos en mi vida. Finalmente al llegar a mi departamento, sentí un fuerte dolor de garganta. La desatención de mis hermanos, y el ímpetu de hacerlo bien, me obligaron a forzar mucho mi voz. ¡Pero que estupidez! pensé. Encima que me pasé la tarde solo, y cantando para nadie, ahora ni siquiera puedo hablar. Probablemente mis aspiraciones como cantante, se destruyan igual que mis cuerdas vocales. No, no me importa. Como dice Nietzsche, Lo que no te mata, te hace más fuerte, y esa es una fija. Me preparo un té con miel, y de vuelta a las andadas. Mañana en la ducha, con el chasquido del agua y la reverberación del baño, nadie va notar mis carencias artísticas. Mientras cocino una suprema de pollo en el horno, me siento a mirar un poco de televisión. La verdad es que no le estoy prestando mucha atención. Mis pensamientos giran alrededor de Pilar, mi ex novia. Es cierto, tal vez sea un melancólico, pero creo que un ratito de ella, no me vendría nada mal. Claro que mis intereses no son sexuales, yo diría que más bien son sentimentales. Violines. Fuera de joda, ¿vamos a hablar en serio? Ahora mismo me encuentro muy lejos de todo lo que fui. Tal vez me sea imposible volver atrás. Sobre todo porque las mujeres rara vez te dan una tercera oportunidad... Y aunque este tentado, no voy a llorar. Ni una lagrima. Vamos con el optimismo. Saco una hoja, dibujo un cómic, y a la mierda con todo. Ok, francamente no tengo ganas. Tantas veces hemos hablado sobre la dicotomía amor - soledad, que ya no estoy seguro de lo que quiero. No voy a negarte que con todo esto de Internet y las redes sociales, no puedo menos que sentirme un peón entre reyes. Tanto talento me abruma si... lástima que el mío sea tan choto. Hay mucha gente en el mundo ¿ves?, y a mi consideración nadie es indispensable para que esto continúe. No es necesario que lo aclare, estoy seguro que en estos momentos nadie piensa en mí, y aunque parezca ridículo por otro lado, yo pienso en todos. Bueno, casi. Muchas veces dije, que es inmoral poner el arte al servicio del dinero, pero ahora que lo analizo mejor, quizás pude haberme equivocado. Lo que no me termina de convencer, es estar atado al tiempo y a las demandas de algún inversionista. Te utilizan para que con tus manos, digas lo que ellos quieren. Sin desprestigiar al obrero, terminas construyendo una casa que al final no es tuya. Por eso pienso que si te dan un espacio en blanco, es para que vos digas lo que mejor te sienta. Sin faltarle el respeto a la profesión, creo que un dibujante, no debería estar atado a ninguna otra cosa más que a su propia voluntad. Bueno, al menos eso dicen. Pero si te va bien haciendo lo contrario, no me hagas caso. Ya habrás visto que en este rubro, no solo soy pésimo, sino que además me gusta dar lastima para que otros me compadezcan. Pero más allá de mi solemnidad, al menos puedo hacer alarde de una cosa. De mi libertad..... ¿De mi libertad dije? ¡Pero que estupidez! En realidad soy un esclavo más del sistema. No me quejo de mi trabajo, pero la verdad es que lo que hago, no me completa. En cambio esto sí. Acá... me siento un hombre libre.... como un pájaro estoico que vuela sobre la implacable neblina que oscurece el camino.... Bueno, en realidad lo confieso..... no se que hacer con mi tiempo libre. En serio lo digo. Pero sinceramente mal que me pese, creo que esta es la mejor forma de aprender. Vivo la vida de forma desinteresada, y en lo posible, trato de no reclamarle nada a nadie, pues entiendo que ya poseo todo lo que necesito para ser feliz. Pero más allá de mi aceptación, ahora que lo pienso bien, si hay algo que me falta en esta vida es valor. Valor para enfrentar la verdad. Valor para no dejarme engañar por lo sabido. Valor para revisar el tiempo, sin sentir vergüenza de lo que fui. Valor para aceptar una crítica y reconocer el error. Valor para no vender mis principios, a cambio de dinero. Valor para mirar más allá de las apariencias. Valor para aprender a querer sin prejuicios. Valor para superar todo aquello que me atemoriza. Valor para decirte lo que siento, sin tener que avergonzarme por ello. Valor, y nada más que valor. Eso es todo lo que necesito. Pero aun así, considero que pedir valor frente a tantas otras urgencias, parece una actitud egoísta de mi parte. Sin dudas lo mío, es una nimiedad en comparación con lo que verdaderamente hace falta. Por eso quiero que tú y yo, nos enfrentemos con aquel costado que tanto nos duele mirar. La limitación. Creo que todos nos hemos preguntado alguna vez ¿porque este tipo puede, y yo no? ¿En qué estoy fallando? Pues bien, yo no tengo respuestas para tales preguntas. Pero a simple vista puedo ver que más allá de tu relación sentimental, tu sexualidad, tu situación económica, familiar y/o laboral, todos somos distintos. Probablemente parezca un cliché exponer mi tratado en estos términos, pero de verdad pienso que aceptar nuestras limitaciones, no tiene nada que ver con resignarnos a seguir intentándolo. Si lo analizas detenidamente, la limitación, no es otra cosa que el miedo al error. Es feo ser juzgados por nuestros errores, pero sin duda es mucho peor nunca haberlo intentado. En fin, a veces el ser diferente, nos impulsa con vehemencia hacia todo lo que desconocemos, y es allí cuando encontramos lo que queríamos saber. Tú sabes de lo que hablo. No hay pretextos, ni tampoco excusas. Quizás sea por esa razón que estamos incómodos. Porque claro, nadie puede sentirse cómodo habitando lo desconocido. Ahora que lo pienso, creo que por eso quiero escapar. Lo digo en serio. Ya tuve suficiente oscuridad en mi vida. Y si bien mis ojos van acostumbrándose a la penumbra, no dejó de soñar con tu luz. Suspiro y pienso en aquel amor que sabe ser sincero, sin mezquinar caricias. Ese amor que en su búsqueda ha entrado en un laberinto sin escape, indescifrable, áspero, y abrumadoramente hostil. Es probable que a esta altura deba ser yo quien te rescate del naufragio. Pero a decir verdad, temo salir lastimado. Y por más próximos que estén tus brazos, si no consigo reunir el valor que necesito, jamás podré alcanzarlos. ¿Entendes ahora porque pido valor?